Domingo 30 Enero, 2011  
 
 

 

Consideraciones Generales para Delinear Políticas Públicas de Salud Mental

 

María Cristina de Taborda
Consultora de Salud Mental
Organización Panamericana de la Salud

Las políticas constituyen instrumentos fundamentales para el ordenamiento de las acciones en un determinado campo, son competencia de las autoridades que a través de ellas ejercen su función rectora. Generalmente las políticas en salud pública implican compromisos suprasectoriales aunque el liderazgo sea de la autoridad sanitaria. La estrecha relación entre la salud mental con el desarrollo personal y colectivo confiere características peculiares, de importancia crítica, a la definición de políticas en salud mental.

Definición de Terminos

“La Salud Mental se entiende como la capacidad del individuo, del grupo y el ambiente social para interactuar el uno con el otro de tal manera que se promueva el bienestar subjetivo, el uso óptimo y el desarrollo de las habilidades mentales (cognoscitiva, afectiva y relacional) y el logro de las metas individuales y colectivas congruentes con la justicia y la preservación de las condiciones fundamentales de equidad.”

Esta concepción actual de la salud mental trasciende la ausencia de enfermedad e implica un concepto positivo que incluye tanto la vivencia intrapersonal como la experiencia interpersonal, intrafamiliar y comunitaria que se da en las relaciones efectivas y armónicas del individuo con los otros y con su ambiente. Una buena salud mental permite que las personas tengan competencias para manejar su propia vida, abriguen sentimientos positivos de felicidad y autoestima y posean aptitudes para amar y relacionarse armónicamente, disfrutar y divertirse, trabajar productivamente y superar las dificultades y penas que se le presentan en el transcurso de la vida.

La salud mental entonces, es condición fundamental del desarrollo armónico del individuo como ser social y productivo y por ello, del bienestar general de las personas, las sociedades y los países.

Características de la Enfermedad Mental

Los diferentes estudios a través del tiempo señalan la magnitud del problema de la salud mental: a nivel mundial, una de cada cuatro personas se verá afectada por trastornos mentales en alguna época de su vida. La carga social y económica de la enfermedad mental es enorme: unos 450 millones de personas padecen actualmente alguna dolencia de este tipo. Los trastornos depresivos son la cuarta causa más importante de la carga mundial de morbilidad y se sabe que muestra una persistente tendencia a aumentar, de tal suerte que se prevé que para el 2020 ocuparan el segundo puesto, luego de la cardiopatía isquémica. Igualmente, el aumento en la esperanza de vida, permite prever un progresivo aumento de las enfermedades demenciales. Unos 70 millones de personas dependen del alcohol, y 24 padecen de Esquizofrenia, cada año un millón de personas se suicida y al menos otros 20 millones intentan hacerlo.

Algunos grupos sociales como las minorías étnicas, los más pobres, los que afrontan enfermedades crónicas, los niños, adolescentes y ancianos son más vulnerables a la aparición de los trastornos mentales. Mención especial merecen los afectados por los desastres naturales y las guerras que pueden conducir a situaciones de verdaderas emergencias complejas y que, para el caso de las víctimas del conflicto, retroalimentan un verdadero círculo vicioso de violencia familiar y generalizada, con sus consecuentes repercusiones en la salud.

Los problemas mentales entrañan costos económicos y sociales claros. Los pacientes y sus familias o cuidadores, padecen frecuentemente una reducción de su productividad en el lugar de trabajo y en el hogar, a lo cual es necesario sumar el gasto de la atención sanitaria. Todo ello contribuye al sufrimiento del paciente y su familia, a la estigmatización, la destrucción de las redes sociales y la disminución de la calidad de vida.

En la actualidad sabemos que la mayoría de las enfermedades, tanto las tradicionalmente llamadas físicas, como las mentales, obedecen a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, sabemos que los trastornos mentales son el producto de muchos factores y que tienen una base fisiopatológica en el sistema nervioso central, sabemos que pueden afectar a cualquier persona , de cualquier cultura, Sin embargo, el panorama es mucho mas optimista que hace cincuenta años, puesto que ahora poseemos esos nuevos conocimientos y disponemos de un arsenal terapéutico, que ofrece esperanzas fundadas para los enfermos mentales.

Condiciones del Contexto

Muchas de las personas con trastornos mentales están solas y sufren en silencio, pues a pesar de la magnitud de los padecimientos mentales como causas principales de discapacidad y sufrimiento, aún no se ha superado la estigmatización, la exclusión y la negligencia histórica de su consideración por parte de la sociedad, la comunidad de la salud pública y los gobiernos.

Una reciente encuesta de la OMS (Proyecto ATLAS del 2002), ha revelado que:

  • Mas de un 40% de los países carecen de una política de salud mental
  • Mas del 30% de los países carecen de una programa de salud mental
  • Mas del 25% de los países carecen de medicación psiquiátrica básica en la atención primaria de salud

Además, es frecuente que aunque los países tengan una política y un plan formulados, éstos no pasen de ser documentos coherentes pero pobremente implementados y además, incongruentes con la realidad de los sistemas de salud profundamente transformados en los últimos años o con pobre viabilidad a la luz de las provisiones económicas.

La descentralización administrativa vigente requiere desarrollar procesos claves para que los actores de todos los niveles sean concientes de las competencias normativas que señalan un marco a su trabajo y adquieran, si no las tienen, las competencias laborales necesarias para ejercer responsablemente sus funciones.

Los procesos de Reforma del sector, en general han tenido la loable motivación de disminuir las inequidades en el acceso a la salud, a través de la provisión integral de servicios acorde con las necesidades y expectativas de los usuarios y con una activa participación de la comunidad. En teoría, los nuevos sistemas propuestos constituyen una oportunidad para integrar la salud mental en los servicios de salud general, en particular en la atención primaria en salud. La dificultad ha radicado en gran medida limitaciones en la capacidad de gestión de las diferentes instancias comprometidas, a la resistencia al cambio de estructuras antiguas por modelos integrales de atención a las personas, desde la visión del control de riesgos y en el marco de dar prioridad a lo local y a la reconstrucción de nuevas redes de servicios, con los necesarios procesos de reconversión laboral que todo ello implica.

Las reformas en la financiación de la salud encaminadas a la contención de costos han aumentado el riesgo de las inequidades en el acceso a la salud, especialmente para el caso de los usuarios de los servicios de salud mental, generalmente con menguados recursos y pobre capacidad de defender sus derechos.

En el ámbito mundial se han realizado grandes esfuerzos en los últimos 25 años para destacar la prevalencia de los trastornos mentales y la repercusión negativa de los mismos. Muchos países, especialmente europeos, han realizado notables progresos en la disminución de la discriminación y en el desarrollo de políticas, planes y servicios.

En la región de las Américas se ha venido trabajando para mejorar la calidad de los servicios. La Declaración de Caracas de 1990 marcó un hito en el proceso de reestructuración de los servicios psiquiátricos en el que se han empeñado muchos países desde entonces, paralelamente con el desarrollo de los procesos comunitarios y la protección de los derechos de los enfermos mentales y que se ha traducido en el fortalecimiento de la autoridad sanitaria en salud mental con la creación de unidades de salud mental en los Ministerios y descentralizadamente y el desarrollo de unidades asistenciales integradas a servicios generales o en escenarios comunitarios. De hecho en 1997 los Ministros de Salud de las Américas adoptaron unánimemente los principios establecidos en la declaración de Caracas y se comprometieron a promover la salud mental y a tratar los trastornos mentales más prevalentes, compromiso que fue ratificado en el marco de la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud del 2001.

Desafortunadamente el desarrollo no ha sido homogéneo en la Región y en ocasiones hemos asistido a procesos de estancamiento o retroceso en la reestructuración de los servicios y se ha aumentado el desfase entre las intervenciones eficaces y las intervenciones disponibles.


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