Domingo 30 Enero, 2011  
 
 

 

Imaginario Social Acerca del
Trabajo Infantil y Riesgos Psicosociales

 

Dra. Hortensia Naizzara Rodríguez
Investigadora social y escritora
Docente de la Facultad de ciencias Sociales y
De educación de la Universidad de Cartagena

Este artículo corresponde a la investigación:
Análisis de la Problemática Social del Menor Trabajador
en el Mercado central de Bazurto de Cartagena. 1997 - 2002.

Quiero partir del concepto moral del trabajo, que oficializa todo tipo de trabajo bueno, noble, dignificante y en este aspecto cabe resaltar que el trabajo infantil ha sido tratado desde esta óptica, en la que es lógico y normal trabajar para hacerse útil, en tanto se insta a la búsqueda de la individualidad. Ser trabajador representa una gracia provista de valentía, entendido este como un dispositivo para la productividad e incluso utilizado como terapia ocupacional en la reclusión y otros centros cerrados.

El dogma del trabajo por el trabajo de ancestro judío propone una exaltación casi delirante de la energía muscular, tiene una vieja historia entrecruzada con la esclavitud, pues desde esta óptica no se observa como una forma alienante de la persona, que dibuja su proyecto de vida en el trabajo, y más temprano que tarde termina siendo materia de intervención en psiquiatría, pues en el trabajo se esconden todos los vacíos afectivos, que termina por producir harto cansancio y stress.

En el caso de los menores trabajadores los estudios en Colombia lo relacionan con la pobreza y los sistemas productivos (Florez, Knaul 1993, Salazar 1979, Ayala 1992, Muñoz y Pachón 1982, Aptekar 1991)."Existió una tendencia a que los esclavos menores de edad fueran destinados a la servidumbre doméstica, pero posiblemente muchos formaron parte de las minas y haciendas. A pesar de que la Real Cedula de 1789 prohibía el asignar labores regulares a menores de 17 años, ello fue "letra muerta"; más aun el consulado de Cartagena lo declaró como "Ley Ofensiva" que había que derogar, y los ayuntamientos de la Habana, Santo Domingo, Nueva Orleáns y Caracas solicitaron su suspensión con el argumento de que contribuía a extender el malestar entre los esclavos". (Salazar, 1994).

No cabe duda de que en al aceptación y permisividad del trabajo infantil y juvenil en Cartagena, Colombia y la región del Caribe, pesa un argumento derivado del imaginario social, de la moralidad y de la esclavitud, habría que pensar en los referentes del imaginario social en el siglo XXI para hacernos varias preguntas: Primero ¿Por qué la sociedad colombiana sobrevalora la dimensión moral del trabajo?, en la que se incluye también a los niños y jóvenes y no se toman medidas de protección para este gran segmento de población que alcanza mas de 2.500.000 menores económicamente productivos, con la exaltación de la familia, la sociedad y el Estado, que a partir del dogma del trabajo se niega a la infancia la efervescencia de la imaginación y el egocentrismo propio del mundo infantil y juvenil; para obtener como resultados una cadena de cambios bajo la viciosa imposición del trabajo para hacerles trampa a la miseria.

Segundo ¿Por qué un imaginario social que refuerza y permite la explotación y el trabajo infanto - juvenil? Una cultura encadenada a la visión óptima del trabajo, en el caso de los menores, lo cual es mi preocupación como investigadora social, se constituye a través de códigos admitidos en la familia, en un dispositivo que oficializa y promueve el trabajo de menores para el cual no hay alternativas de erradicación evidentes por las razones obvias que explican tradicionalmente que el trabajo infantil es sinónimo de pobreza, de esta manera es una imposición necesaria para la vida social; pero por ello no deja de ser evidente que es una nueva forma de discriminación social, agenciada por el despotismo y el Estado, con una clara y contundente violación a los Derechos Humanos.

La palabra trabajo de por sí ya simboliza un delirio en las sociedades ricas y pobres en términos de ingresos, debido a los estragos que ocasiona la falta del trabajo. El trabajo de menores a mi juicio es una tecnificada y modernizada forma de esclavitud; como si el fardo de la naturaleza se detuviera en los pobres para robarles lo único libre que les queda (sus sueños, su integridad psicosocial, su fuerza y su capacidad de negarse ante las inminencias de una sociedad esquizoide), que atrapa a los niños, niñas y jóvenes en el mundo perfecto de las coacciones sociales, instrumentalizando las libertades a falta de capacidad para ejercerlas, de hecho se manifestará el aislamiento de los menores de la escuela, de la familia y de si mismos, sometiéndolo a la perdida de la memoria, la risa y muchas habilidades cognitivas.

La ideologización y subordinación que existe en torno al tema se debe en gran medida a la posición hegemónica de los Estados carentes de políticas sociales de bienestar. Esta ideologización se advierte y se administra a través de la dosis y campañas de los programas sociales del Estado, del que se deriva una concepción utilitarista del trabajo infantil, entendido como un mal necesario, de alguna manera benéfico, imaginario social de una clase o elite dominante, que crea programas para fortalecer los aprendizajes técnicos que le permiten al niño o al joven paliar la miseria o distribuirla de una mejor manera. Porque es muy difícil regresar a los niños a la escuela después de haberse iniciado prematuramente en el trabajo. El desarrollo de políticas de bienestar para la infancia y juventud corresponde a campañas cortoplacistas, limitadas, carentes de metas humanizantes que se conoce en el lenguaje técnico como Planes Programáticos; campañas que no tienen resultados con relación al Desarrollo Humano porque los niños, igual que los enfermos mentales no representan cuota política por tanto no representan votación electoral, que se percibe en otros segmentos de la población como los desplazados o las personas de la tercera edad.

El imaginario social hegemónico señala al trabajo como un ámbito de logros y así lo es, (pero no para los niños), un símbolo del progreso del bien y de la movilidad social. De tal manera que el que no trabaja es castigado socialmente, aún cuando esta enfermo, el Estado no le paga al enfermo porque no le es productivo. Así la productividad se integra como un valor social aliado a la competitividad, representa una teologización de la productividad, de la utilidad sustentada en una teoría de mercados en el que lo primero es el capital y lo último es la libertad y el pensamiento.

No parece haber consenso para una acción entre diferentes Estados y la OIT, en lo que tiene que ver con la erradicación del trabajo infantil. Los factores culturales y la lógica cotidiana de la sociedad y la familia asimilan el trabajo infantil como una tendencia de la economía informal y el desempleo y de la migración de los campos y en el marco de la estructura de mercado el trabajo compromete la formación y la perdida de la infancia. En Colombia solo se considera peligroso el trabajo subterráneo, la pintura industrial, el empleo de albayalde y de sulfato de plomo en los oficios de pañoleros y fogoneros en los navíos desde 1998* y el convenio de edad mínima (número 138 de 1973). Eso quiere decir que si hay trabajos peligrosos, también hay trabajos ligeros, benignos y dignificantes para los niños, lo que llamo la ideologización positiva del trabajo y me permite cuestionar el imaginario social y el legalismo frente al tema en Cartagena, Colombia y el mundo.

RIESGOS PSICOSOCIALES Y DINAMICA SOCIOCULTURAL
EL TRABAJO INVISIBLE DE MENORES EN EL MERCADO CENTRAL DE BAZURTO DE CARTAGENA.

Ingresar al análisis de los riesgos psicosociales derivados de la prematuridad laboral del menor en el Mercado Central de Bazurto de Cartagena implica no solo interpretar la naturaleza y situación del trabajo, sino identificar rasgos socioculturales que coadyuvan al fomento del trabajo de una gran masa de menores en la plaza de mercado público de Cartagena (por lo menos 250), lo que conlleva a examinar el estado de maltrato, abandono y condiciones que favorecen al ingreso temprano en el trabajo y la desnutrición físico afectiva, lo que connota un estado de indefensión en la que afronta riesgos psicosociales que limitan sus capacidades, derechos y calidad de vida, pues ante la atmósfera de violencia que representa Bazurto, no se vislumbran opciones o posibilidades para construir un proyecto de vida en estos menores.

Los valores, las actitudes y convicciones que socializa el menor en el Mercado Central de Bazurto poco a poco hacen parte de su modo de vida, hábitat y cultura, lo cual va propiciando el aprendizaje de roles de adulto, que el menor interioriza en desmedro del goce de la lúdica e inventiva infantil, este se convierte en un aprendizaje social concreto que hace parte de la comprensión del mundo y se toma de las perspectivas de la realidad.

En los testimonios relacionados en esta investigación, se observa el lenguaje como el medio afianzador de la cultura y de la apropiación de la cotidianidad, e incluso como instrumento para prever peligros y rasgos propios de los ambientes violentos o de los espacios propiamente violentos.

Este segmento de población está sujeto a múltiples riesgos psicosociales en medio de trabajo, lo que los define como una población vulnerable y foco potencial de las múltiples violencias, así puede considerarse el trabajo de menores como una amenaza para construir el equilibrio social y la paz, por otra parte se convierte la familia, en particular los padres y maestros en responsables para que los menores tengan una muy rápida maduración y preparación para el trabajo. El marco legal sugiere algunas prohibiciones y otras excenciones que se traducen como permisividad legal de trabajo de menores, pero en general se constituye en un argumento provisional, relativo del tratamiento que se le ha dado al tema, y el últimas el núcleo del problema no es que el trabajo sea constructivo, sino que es nocivo psicológica, social y culturalmente y los planteamientos legales son apenas remédiales, y no se centran en la perdida de libertades y capacidades de los menores al no poder ingresar y continuar en las escuela, acceder a una buena alimentación y disponer de tiempo libre para la recreación y estar sano, esto por lo menos.

Los menores trabajadores de Bazurto que todos los días observamos en la plaza pública (manoteadores, carretilleros, vendedores ambulantes) traen una historia familiar común: múltiples pobrezas y desarraigo cultural que les disminuye posibilidades de tener una infancia feliz. Trabajan al servicio de sus padres y afrontan situaciones agobiantes en el seno familiar, grupo encargado de proveer al niño de medios para la satisfacción de sus necesidades fundamentales y que al mismo tiempo se convierte en una organización productiva, así la vivienda es para ellos un lugar de extensión del trabajo o viceversa, una situación que no parece tener escapatoria.

El caso específico de los niños trabajadores es significativo en el contexto cultural. Las familias de Bayunca, cuyo sustento se deriva de actividades agrarias, llegan todos los días a las 4 a.m. al mercado, y quienes acompaña a los padres durante la jornada de trabajo son niñas, curiosamente no hay niños de estas familias agrarias acompañando a los padres y/o familiares durante la jornada de trabajo de estos menores que en promedio es de nueve horas diarias, que pueden ser diez y once horas en los fines de semana, festivos y vacaciones, es éste, un trabajo invisible?

Las niñas trabajadoras tienen a su cargo innumerables responsabilidades, no solo en su lugar de trabajo, sino también en el espacio doméstico de la familia. Estas niñas de 7 - 14 años provenientes de una familia agraria tienen muy pocas posibilidades de estudiar y se hayan enfrentadas permanentemente al acoso y asecho sexual por parte de mayores. No es coincidencia que la niña rural sea quien trabaje, pues ella obedece a una lógica cultural de mayor esfuerzo, sacrificio y sufrimiento por parte de las mujeres; una lógica cultural inequitativa y reforzada por la discriminación.

Trabajen o descansen los niños y niñas, se hayan bajo la supervisión de sus progenitores y/o familiares, que son también sus patrones (con excepción de los carretilleros y algunos ayudantes de colmenas) (1); el hogar se convierte en un mecanismo y espacio en el que se ejerce la explotación y en donde no hay cabida para los juegos, que cumplen un papel importante en la superación del egocentrismo propio de la infancia, se suprimen casi por completo y son reemplazados por rígidos adiestramientos que no están inscritos en ningún programa de mejoramiento individual o colectivo.

1 Puesto o negocio (víveres y abarrotes)

Tal espacio donde se desarrolla el trabajo se convierte en un medio en particular en el que se promueven pautas socioculturales que tiene una función socializadora de asimilación y adaptación del menor a las actividades productivas; los hábitos y costumbres de las familias confluyen o se integran con el contexto social de Bazurto, las exigencias del trabajo, que disponen al niño y al joven hacia la autosuficiencia y manejo del dinero; y asimismo hacia la comunicación con todas las personas con las que interactúa. Por otra parte la retribución económica derivada del trabajo es el factor principal para promover la permanencia en el mismo. En este sentido el medio se consagra como el espacio socializador por excelencia, en el que el menor que asume roles de adulto (autosostenimiento y sostenimiento de la familia) poco a poco y el normal desenvolvimiento de su oficio diario asume la independencia que se refleja de las actividades comerciales (compra y venta de productos e igualmente de la venta de servicios) de un mercado informal del trabajo, en el que el rebusque diario es indispensable para la subsistencia.

Rostros adultos, miradas hoscas, huidizas, cargadas de tensión se observa en los menores trabajadores del Mercado Central de Bazurto en Cartagena, a cargo de sus padres, o empleados por terceros. A pesar de la intensa agitación que rodea este ambiente, realizan sus tareas con aplomo, demuestran determinación de personas mayores y en sus rostros se refleja la dureza de las expresiones, que marca una protesta silenciosa, pero elocuente; después de cumplir largas jornadas de trabajo de promedio de nueve horas, atendiendo negocios de pie, trasladándose de un lugar a otro con cargas pesadas y manojos de productos en sus manos, las horas de la noche sirven para recuperar el sueño, la fatiga común se apodera de ellos y de sus cuerpos, que se tornan endebles y frágiles. La debilidad general que padecen se manifiesta en un signo que afecta al 65% de la población, y es el dolor de cabeza crónico o cefalea, que se presenta en la mayoría de los casos, sin otros indicios de enfermedad, pero sí acompañados de desánimo e irritabilidad, mostrando en ocasiones estados emocionales algo desequilibrados, como respuesta a la hostilidad propia de del medio de trabajo.

Las indefensiones de los niños se traducen también en riesgos psicosociales que se destacan y son representados a través del lenguaje, unas veces coloquial y otras cortante y certero, todo ello involucra una especie de aprendizaje para la vida y de las normas sociales que se aplican en la inmediatez de las circunstancias para resolver problemas cotidianos relacionados con el dinero, las exigencias familiares y los hechos violentos propios del Mercado Central de Bazurto (robos, atracos, prostitución y venta de licores entre otros).

En sus comentarios aluden a los constantes peligros que les acechan: atracos, violaciones y lesiones sufridas en accidentes de trabajo, infecciones contraídas por la contaminación del ambiente y la ingestión de alimentos descompuestos o sustentados en harinas, en general con pocos nutrientes, a parte de los severos castigos a los que son sometidos por faltas en el trabajo o porque distrae su atención del mismo. En las zonas de fritangas, las niñas se observan con quemaduras de I y II grado en brazos y manos, debido a estas distracciones, propias del mundo de los niños.

La pesada atmósfera de conflictos personales, asecho sexual a niños y niñas y la intimidación por parte de los mayores crea en los niños estados de nerviosismo y ansiedad.

Los niños y las niñas son los únicos consientes del daño que perciben, pero no encuentran forma cómo expresarlo, porque el dominio de la palabra se les ha negado, en esta época de la vida en que el aprendizaje, el amor y el juego son indispensables, y en que los hábitos, valores y costumbres contribuyen a la formación de la personalidad.

Es el lenguaje el medio por excelencia de socialización y condición imprescindible para la adquisición de una perspectiva cognitiva, que implica una confrontación de las ideas propias con las ajenas. No sin acierto se ha llegado a decir que estamos confinados por los límites de nuestro idioma y que es importante ir mas allá de los que nos permiten nuestros conceptos, que serían más claros y precisos, en tanto tengamos palabras para definirlos.

El asedio al que son sometidos los menores trabajadores la mayor parte del tiempo infunde temores sobre la ocurrencia de catástrofes de grandes proporciones, la indefensión ante las enfermedades, la inanición y atropellos de que son víctimas por parte de los clientes, empleadores y merodeadores del sector dedicados a la delincuencia, terminan por inducir estados de ansiedad colectiva, en los que creen que pueden sobrevenir males inevitables, de los que no se perciben causas aparentes o inmediatas, pero en sus declaraciones, una constante ominosa de premonición, por lo cual piensan que algo terrible podría suceder en cualquier momento, aunque no justifiquen sus aprehensiones con argumentos demasiado coherentes, estos no escapan de todo fundamento, debido a los rumores de desalojo del mercado por parte de la fuerza pública, con el agravamiento de la marginalidad y la contaminación ambiental y el recuerdo transmitido de generación en generación del pavoroso accidente del mercado de Getsemaní el 30 de octubre de 1965 a las 9 a.m. que destruyó casi totalmente el mercado central en las inmediaciones del antiguo Arsenal y las bahías de San Lázaro y las Animas, alrededor de las cuales se construyó en 1977 el Centro de Convenciones Cartagena de Indias. El posterior traslado del Mercado central de Getsemaní a la sede actual de Bazurto fue un proceso lento y de muchos conflictos entre las autoridades públicas del momento, el Concejo y los comerciantes independientes.

En el lenguaje de los niños se representan los temores y uno de los testimonios afirma (Ricardo José): "oye pelaíta, esto si está malo, verdad? Mira, nadie sabe lo que aquí va a pasar, si el mercado lo cambian, o lo trasladan, o lo desaparecen, hay tanta mala información en esto, pero aquí mal que bien nos ganamos la papa, o tú qué, no opinas lo mismo? Sabes, pero a veces me da un presentimiento, esto va a estallar, mi abuela dice que como el otro mercado, es que a veces pelaíta, esto es inaguantable".

Ninguno de estos muchachos tiene conocimiento pleno de los incendios del Mercado central, pero los adultos que los acompañan en ocasiones hablan de estos temas y ellos oyen y por supuesto lo comentan. El Mercado Central ha sufrido tres incendios, uno en 1951, otro el 30 de octubre de 1965 que fue de grandes proporciones, al estallar un almacén de pólvora y dinamita de propiedad de la familia Char y el último el 8 de noviembre de 1971 que en gran medida facilitó la decisión de su traslado a la actual sede de Bazurto.

Así se evidencia que no son temores mal infundados, sino que tienen su razón de ser en hechos históricos, que permanecen en la conciencia colectiva y que se asumen como leyendas urbanas, transmitidas de generación en generación. Por ello es preciso preguntarse en qué medida la explosión de 1965 permanece intacta en el recuerdo individual de los trabajadores más viejos del Mercado?

Entre las motivaciones de los niños trabajadores entrevistados para iniciarse en el trabajo está la de adquirir dinero para pagar sus estudios, es obvio que con los bajos ingresos que consiguen y las deplorables condiciones de trabajo a que se someten, empobrece la calidad de la educación, un 15% es analfabeta, (nunca ha asistido a la escuela) y otro 73% deserta de la escuela porque prima la motivación de dinero.

Aunque en general se muestran sobrios y disciplinados en gran medida por los ingresos propios, los menores trabajadores se hacen propensos a contraer hábitos perjudiciales como el juego de azar y la bebida; y se sienten inclinados a establecer relaciones maritales tempranas con secuelas de embarazos y familias numerosas, lo que agrava su situación, que entonces tiende a repetirse espontáneamente.

Envuelto en el ajetreo diario y el bullicio de la concurrencia atropellada de Bazurto, ávido de sensaciones y novedades el menor trabajador adopta comportamientos sugeridos o propuestos por el comercio y la propaganda de los medios de comunicación, es posible que así se identifique con las expectativas que los otros tiene acerca de él, intentando ajustarse a los modelos que toman de improviso de los avisos publicitarios y las revistas de farándula, ello quiere decir que no escapan de la alienación impuesta desde los diferentes sectores de la sociedad, así también la construcción de su perspectiva cognitiva queda a merced de los mecanismo de dominación de la sociedad de consumo. Es en esta relación con los otros y con su medio como se construye el autoconcepto, y es allí donde se encuentran posibilidades de realización, porque el niño inicia su aprendizaje cuando empieza a tener en cuenta a los otros.

Expuestos a exigencias apremiantes, tal como la urgencia del dinero para el autosostenimiento, se ven obligados a valerse de recursos comunicativos rápidos y efectivos que adquieren en la práctica y que tienen un uso restringido a la brega diaria, circula entonces un lenguaje caracterizado por apodos y sobrenombres, que no es otra cosa sino una manera de proteger la identidad, porque nadie quiere que se hable de su propia historia, que no resulta agradable, y a lo mejor está connotada por el dolor. El voceo de productos y regateo de precios también tiene su lenguaje propio "25 plátanos por dos mil, el mejor mi tía, de la plantación para sus manos, no se me vaya mi casera, que su sobrino la atiende bien".

En ocasiones el lenguaje es adjetivado para referirse a los productos y a los clientes (mi tía, mi casera, mi patrona, mi reina, el jefe, el patrón), lo que vende es "la efectiva, la vitaminada, el viaje, el apunte, el chancesito, bájese del bus". Los apodos para tratar a los compañeros son: el vale, el piraña, el ronalito, el cojo, el socio, el pelo de burra, mi llavería, el primo, el crema, el champeta, el cubeta, el chicanero, el hueva, el loquillo, el canalete, el yuca, el fama, el picúa, el alacrán, el techo. En la jerga para sostener peleas y discusiones: el desgraciado, maldito, hijueputa, cacorro, malparido.

 

JERGA EN EL MEDIO DE TRABAJO
PARA VENDER
PARA TRATAR A SUS AMIGOS
PARA PELEAR

Mi tía, mi casera, mi patrona, mi reina, el jefe, el patrón.

la efectiva, la vitaminada, el viaje, el apunte, el chancesito, bájese del bus

El vale, el piraña, el ronalito, el cojo, el socio, el pelo de burra, mi llavería, el primo, el crema, el champeta, el cubeta, el chicanero, el hueva, el loquillo, el canalete, el yuca, el fama, el picúa, el alacrán, el techo. el desgraciado, maldito, hijueputa, cacorro, malparido.

 

Dice Rafael Ignacio: "este es un medio de vivos, aquí uno tiene que estar pilas, para que no le roben el dinero del día, la gorra o la carretilla. A mí eso no me da rabia, también con las pelás, cuando ellas se descuidan los vendedores grandes, los tipos grandes, pasan por encima de ellas y las manosean, les rozan a propósito las piernas, las nalgas o las tetas. Uno tiene que estar despierto y no dejarse joder".

Este testimonio enfatiza en que este un medio de avivatos y pícaros bandidos, y los menores deben disponer sus energías para no dejarse robar, engañar o utilizar, en general lo que predomina son adquisiciones de conocimientos y destrezas que lo hacen fuerte y sostener por mayor tiempo la permanencia en el mercado central, alejando al niño y niña de la escuela y de su mundo infantil e insertándole cada vez más un ambiente en el que predomina la picardía, la violencia social y la promiscuidad.

No se ha detectado conformación de grupos debidamente establecido entre los muchachos trabajadores, ello se explica debido a las exigencias de las largas jornadas de trabajo, tienen pocos amigos o escasamente alguno. Son poco comunicativos y carecen de espacio para la recreación, porque viven en función del trabajo, asumiendo cada vez más actitudes individualistas, reforzadas por un comportamiento defensivo, que pone a prueba la competencia que representan los demás.

 

EDUCACION Y TRABAJO

De la población estudiada el 27% en el mercado central de Bazurto no sabe leer ni escribir, porque nunca ha estado en la escuela y el porcentaje restante porque la abandonaron, el 73% sabe leer y escribir, pero solo alcanzan el 6° y 7° grado.

Ello demuestra un alto índice de abandono escolar relacionado con el trabajo, por otra parte explica también pérdida de expectativas y experiencias hacia la educación y oferta escolar; disminución de las motivaciones hacia el estudio, desgaste físico, cansancio y pérdida paulatina de la a la iniciativa de participar en la escuela frente a la mayor gratificación que produce el dinero obtenido del trabajo.

El trabajo cambia al adulto, y a los niños los identifica con el comportamiento del adulto, en la medida en que se entrega a su medio de trabajo y se acostumbra, el ambiente hostil y agresivo del trabajo se convierte en lo cotidiano; también le exige mayor madurez, en lo relacionado con la agilidad y el sentido de la ganancia. Todo ello lo aprende por ensayo y error y supera en corto tiempo las barreras y obstáculos propios de la actividad comercial. En consecuencia la dinámica sociocultural que se pone en evidencia a partir del trabajo infanto - juvenil en el mercado central de Bazurto se puede definir así: ausentismo y abandono escolar, desinterés y perdida de la motivación hacia el estudio, permisividad y aprobación del grupo familiar en favor del trabajo, aprendizaje del lenguaje de la calle, aprendizaje de normas y comportamientos de adultos.

A medida que aumenta la edad, aumentará en proporción la carga y res responsabilidades en el trabajo, por ello se encuentra en el grupo de prepúberes y adolescentes la mayor proporción de menores trabajadores; las exigencias del trabajo, también aumentan con la edad, no por la fuerza de trabajo que representan, sino por la adquisición de experiencia y resistencia, la privación del mundo lúdico de la escuela porque en la racionalidad del trabajo en esta etapa de la vida (de formación y crecimiento) subyace la explotación, el abandono de la familia, la escuela y la indiferencia de la sociedad.

El apego y costumbre de manejar dinero diariamente es otro factor condicionante que estimula el trabajo de niños y jóvenes, el segmento de población más pequeña (entre 7 y 9 años) son los que tienen un ingreso diario superior a $4000, estímulo que ofrece la madre o el familiar para que aquel sirva de acompañante, los de mayores ingresos son lo pre -púberes y adolescentes y dependiendo del oficio; en este caso los carretilleros tienen mayores ingresos que los vendedores ambulantes (véase gráfica 4).


Figura 1. Ingreso de menores por día de trabajo en el Mercado Central de Bazurto. F Cartagena 1998 - 1999.

 

El 48% de la población del estudio le entrega los ingresos diarios a la madre y el otro 52% no le da a la mamá, lo utiliza para comprar ropa, para ir al cine y para costear sus gatos.

El manejo del dinero es el primer factor motivacional para olvidar los compromisos escolares y favorecer el ausentismo y el abandono, así se hallo que el 23% de la población tiene un mes de haber desertado, el 32% tiene un año y el 45% más de un año de haberse separado de la escuela (obsérvese gráfica 4) con el agravante de que ninguno de ellos regresará a la escuela.

Otra consecuencia inmediata del trabajo, debido a las largas jornadas es el estrés, este es un mecanismo de defensa del organismo psíquico del ser humano, que le permite adaptarse a los cambios bruscos y repentinos del ambiente, que en el caso laboral se denomina riesgos psicosociales difíciles de medir cuantitativamente, pero afectan la parte psíquica y emocional cuando el exceso de trabajo sobrepasa a las etapas de descanso, se da inicio a un desequilibrio con diferentes casos de morbilidad, por ejemplo: diarrea, jaqueca, terror nocturno, sin que se encuentre una afección al sistema fisiológico y a lo cual la medicina tradicional no le encuentra justificación, sin embargo es evidente es la agresión del medio al sistema emocional(*).

Figura 2. Distribución de la población según tiempo de haber abandonado la escuela.

(*) Estrada Jairo, Manual de Ergonomía. Salud Ocupacional. Pág. No. 35.

El 86% de la población infanto - juvenil trabaja de 6 - 7 días a la semana en un promedio de 8 y 9 horas por día.

Figura 3. Relación de la población según número de días que trabajan a la semana.

Cuadro 1. Distribución de la población según permanencia e intereses en el sistema escolar.

Fuente: de la presente investigación.

 

31% de la población no estudia por analfabetismo y/o deserción, el 63% si estudia, casi todos tienen intereses de continuar el estudio, pero no saben como hacer práctica esta idea, de tal manera que puedan concurrir a la escuela y el trabajo, estas condiciones terminaron escogiendo la segunda opción. La temprana experiencia del trabajo en la población infanto - juvenil favorece entonces el desarrollo de actitudes individualistas y autosuficientes que motivan al muchacho a permanecer en la actividad laboral en la que más temprano que tarde experimentará la separación del sistema formal de educación.

Aun cuando la causa principal del trabajo infanto - juvenil sigue siendo la ayuda a la familia, detrás de esta ayuda se encuentra la pobreza que es una amenaza contra la igualdad y la equitativa distribución de las oportunidades de acceso a los servicios de sociales básicos como son la educación básica, la seguridad social y la focalización en ambientes culturales sanos. Por otra parte se observa la concepción cultural del trabajo infantil, arraigada en los miembros de las familias y particularmente en la familia rural, en este caso corresponde a Bayunca, lugar de procedencia de un gran porcentaje de población infantil trabajadora (de mayoría femenina). Esta concepción cultural del trabajo infantil se halla relacionada con el menor como símbolo y unidad económica de producción ya que existe la creencia entre los padres de que los niños son veloces, ágiles, tienen mucha destreza y voluntad para cierto tipo de trabajo, y aquellos lo consideran una ayuda, pero tras esta denominada ayuda lo que se observa es una carga de responsabilidades que deterioran físicamente al menor y disminuyen ostensiblemente sus opciones de desarrollo humano.

Se evidencia entonces la participación infanto - juvenil en el trabajo está creciendo desmesuradamente en zonas urbanas y en el caso de Cartagena por el desarrollo del sector informal, y crecientes corrientes migratorias de la población, producto de los desplazamientos humanos y la violencia.

Es evidente que este grupo poblacional tiene menos oportunidades de permanecer en el sistema escolar formal ante la contingencia del trabajo y los riesgos que connota; de hecho son limitadas las opciones de desarrollo humano, relacionados con la calidad de vida, educación, seguridad social, carecen de servicios de atención primaria en salud con un pobre nivel nutricional, y sus capacidades dirigidas al trabajo y a la generación de ingresos o habrá que examinar su participación en el sistema educativo y en general sus oportunidades de desarrollo integral

 

EL TRABAJO INFANTIL ES UNA IMPOSICIÓN,
NO ES UNA ELECCIÓN.

Amartya Sen sostiene que el trabajo infantil es asimilable a la esclavitud, razón por la cual urgen medidas para su control y definitiva abolición (A. Sen, año 2000; Libertad y Desarrollo). El trabajo infantil diezma las posibilidades y oportunidades para participar activamente de la economía diversificada y disminuye las posibilidades de concentración, atención, empleo bien remunerado, longevidad, la capacidad de lectura y escritura, la buena nutrición, en síntesis disminuye capacidades específicas que son sustancialmente significativas para el desarrollo cognitivo y la obtención de logros que coadyuven a una vida digna. Esto quiere decir que tanto la familia como el Estado y la sociedad intervienen escasamente para que las personas puedan asumir libertades que le permitan la autorrealización.

"Hasta hace algunas décadas se pensaba que la pobreza en los países en desarrollo terminaría siendo erradicada como consecuencia del crecimiento económico" (2). Las políticas y programas para superarlas surgen a partir de diagnósticos de los países desarrollados y la aplicación de modelos económicos liberales; aun cuando este tipo de propuestas estaban destinadas a lograr un ajuste con los modelos de desarrollo económico, también se pensaban que estos podrían tener características homogéneas para América Latina y el Caribe, de esta manera se desconocía la participación ciudadana y las identidades culturales. Las políticas remédiales de la pobreza han estado asignadas a los servicios básicos de carácter social con un claro ancestro asistencialista dirigido a la satisfacción de necesidades. En este orden de ideas el indicador principal son los ingresos, pero a ello se escapa un análisis integral de la pobreza, pues no solo los ingresos son el único medidor de consumo y de calidad de vida; también es evidente que en algunos casos los altos ingresos no representan una calidad de vida y que en su conjunto la pobreza responden a problemas estructurales de la sociedad.

En Colombia el número medio de cursos escolares primarios entre niños de 12 y 14 años no era más que un 3.6%, entre los que ejercían actividades económicas y los demás alcanzaban un promedio de 5 años.(3)

En Brasil una encuesta llevada a cabo en 1993 con la asistencia del IPEC, sobre las condiciones del trabajo de niños menores de 14 años, ocupados en la industria del

2 ORTAZAR, rene. Necesidades básicas y extrema pobreza. CIEPLAN, santiago de chicle. 1977 pag, 16
3 Encuesta nacional de Hogares, 1992.

calzado en la ciudad de Franca Estado de Sao Pablo, reveló que una tercera parte de estos niños trabajan mas de seis horas diarias durante seis días por semana. En Colombia un 75% de niños trabajadores de 12 y 13 años cumplía con mas de 24 horas de trabajo por semana (1998), sobrepasando el máximo permitido por la ley, y creciendo los casos en los que no se prohíbe los trabajos de los niños (4) , así en nuestro país en las zonas urbanas las duración semanal media del trabajo de los niños había supuesto un mínimo de 20 horas por semana (5), así la duración de semana y media del trabajo había sido 18 horas para los primeros y 29.2 horas para los segundos (6)

La capacidad de hacer juicios sobre la economía global solo empieza a madurar en esta etapa, en la que los análisis se centran en el desarrollo humano, por ello es válido suponer que el grado de satisfacción o privación sufrido durante la infancia van ha ejercer una influencia en el desarrollo posterior en los aspectos físicos, afectivos, mental y social. Los niños se hallan ante la imposibilidad de rechazar su condición de trabajador frente a las necesidades insatisfechas del núcleo familiar, y a falta de alternativas que prevean la formación de estos. Así mismo sentirán la incapacidad para reiniciarse en el sistema escolar, lo cual marcará sus aptitudes ante la vida de resignación y conformismo. No se les prepara para la socialización en la familia y ésta lo expulsa al espacio del trabajo. En este sentido se comprometen varios dominios de la personalidad como son el afectivo, el cognoscitivo y el moral en tanto

4 Ibid.
5 Encuesta de condiciones de vida de 1994
6 Ibid.

que el "dominio afectivo tiende ha cobrar formas latentes, mientras que los otros suponen mediaciones lógico formales agenciadas por la escuela" (7).

Los niños no han elegido la opción del trabajo en ninguna edad, ya que este no se presenta como ninguna opción, es una imposición de las circunstancias por las que atraviesa el menor y su núcleo familiar, en tal sentido la legislación internacional sustentada por la OIT señala la edad de 14 años como edad mínima de admisión legal al empleo, para evitar el trabajo a temprana edad, "en sí esta es una definición reconocedora y garante de los derechos de la infancia (8). No es cierto, mas bien es una flexible legislación que no permite ahondar en la crítica situación de la infancia trabajadora, es como intentar ver el remedio mas cerca del mal o de la aflicción, pero del que no se tiene cura inmediata, sino medidas legales paliativas y por demás permisivas al trabajo de menores y adolescentes, porque el argumento de los 14 años se centra en un asunto biologicista y muy evolutivo que no tiene en cuenta el desarrollo humano, ¿por qué a los 14 años, o a los 12 y no más acá de esta línea?, será porque los niños sentirían menos el rigor del trabajo o porque se privilegia la economía del mercado. De ser así estamos ante una legislación permisiva, con la que no se puede expresar una aceptación política de la erradicación del trabajo infantil. En este marco estructural se enfrentan la pobreza y la riqueza de las naciones, asimismo la distribución de los bienes y servicios comunes para las colectividades humanas; pues para los niños que trabajan, hay una violación masiva y sistemática

7 UNICEF, Niñez y democracia, pag. 25 santa fé de Bogotá año 2000
8 Asociación AFECTO, Universidad Sergio Arboleda. Conferencia magistral "El Niño Trabajador",, de la Dra. Liliana Obregón. Compilación de la Asociación Afecto. Memorias del II congreso Iberoamericano, V latinoamericano de Prevención y Atención del Maltrato Infantil.

de sus derechos. No tienen infancia plena, derecho a la educación, salud, al juego y sus capacidades tanto como sus logros serán limitados, ya que ningún niño o niña renuncia voluntariamente a su infancia (9).

A partir de la maduración afectiva del niño a adulto se combinan el desarrollo de roles y la autoestima con una pobreza de identidad en lo concerniente a su ser y a las capacidades lógicas que exigen el desarrollo cognoscitivo, estas capacidades lógicas y de formación de sentimientos no son propiamente definidas hacia a la equidad y el aprendizaje de la formación, sino que se dirigen a la competencia y aptitudes más individualizadas. Los incipientes grupos que se gestan en el medio de trabajo podrán considerarse pregrupos, no conducen a fortalecer la solidaridad, así cada vez los menores trabajadores conformarán su personalidad mediante conductas de adulto prematuro, en la etapa más álgida de la formación, cuando se espera que la socialización de la familia perfile al individuo hacia la ciudadanía; las aptitudes que se evidencian son la extroversión y la precariedad del lenguaje, sin excluir la desconfianza y la hostilidad elementos claves que van definiendo una personalidad autoritaria o sumisa, con rigidez del pensamiento, que en muchos ya ha apropiado la agresión como mecanismo de defensa.

El trabajo prematuro en niños y niñas, ofrece obvias dificultades para el desarrollo humano y para la ulterior conformación de un sujeto político; los afectos y el aprendizaje del trabajo como norma transferida de la familia, constituye el primer

9 López Limón, Mercedes. TRABAJO INFANTIL, FRUTO AMARGO DEL CAPITAL. Instituto DE investigaciones, Universidad Autónoma, Baja California. Pág.15.

proceso de integración a una sociedad injusta y discriminatoria, y la aceptación tácita del trabajo en los diferentes estamentos de la sociedad enfrenta a los niños a unas expectativas en la que la pobreza es el lugar común y la visión hacia el futuro no es esencial, lo esencial es sobrevivir, por ello no podríamos separar las dimensiones subjetivas de las capacidades y habilidades de las personas en el análisis de la pobreza puesto que no tiene logros significativos en la vida de estos grupos, así es imposible culpar al individuo por no asumir el desarrollo como un proceso, se debería atender al entorno que no es lo suficientemente estimulante para la obtención de logros significativos. El trabajo implica una difícil prueba para el desarrollo de la autonomía y el autoconcepto puesto que el contacto con profesores y alumnos en esta etapa de la infancia es necesario para el desarrollo de la autonomía, en adelante se generarán crisis "marcadas por la oposición entre el sentido de la laboriosidad y el de inferioridad" (10)

En todas la sociedades humanas los niños han participado en mayor o menor proporción en los procesos de producción, intercambio de bienes y servicios, inherente a la vida económica de los pueblos, lo que es relativamente reciente es el trabajo infantil como una forma de perpetuar antiguos sistemas esclavistas. La historia nos muestra que en la primera etapa del desarrollo de la humanidad los niños trabajaron como labradores agrícolas o pastores y más adelante en la edad medieval como ayudantes artesanales. Los niños trabajaban con las familias aprendiendo por imitación y asociación; pero es con el advenimiento de la revolución industrial, en donde se inscribe el trabajo infantil como problema de la familia y del Estado.

10 Ibíd., Pag. 86

El aprendizaje del trabajo como norma transferida de la familia, constituye el primer proceso de integración a una sociedad injusta y discriminatoria y la aceptación tácita del trabajo en los diferentes estamentos de la sociedad enfrenta a los niños a unas expectativas en la que la pobreza es el lugar común.

El trabajo infanto - juvenil es una alternativa de autosostenimiento, así lo confirman 149 menores trabajadores en el Mercado Central de Bazurto de Cartagena; las motivaciones que conducen al niño o niña a trabajar están sustentadas en la ayuda a la familia y la iniciativa propia, así como por los problemas económicos y por iniciativa de la madre. Es así como el niño asume funciones adultas, interrumpiendo su propia niñez, lo que provoca muchas veces traumas en el desarrollo físico, educativo y psicológico. "La pobreza reproduce así pobreza" (11)

En el Mercado Central de Bazurto la familia de los menores trabajadores se convierte en un grupo cultural de apoyo significativo al trabajo infantil, que los padres no aprecian como una faena peligrosa, porque están relativamente cerca de ellos y ejercen su autoridad. Examinar el problema desde la óptica del desarrollo social hace pensar en los riesgos psicosociales que ofrece este medio cultural y por otra parte en imaginar el rescate y la resocialización de estos niños y niñas, asimismo en la puesta en marcha de un plan preventivo de erradicación del trabajo infantil con miras a reorientar este potencial hacia el desarrollo humano.

11 Angelo Neglia G. El trabajo infantil en la ciudad de Santa fe de Bogotá. Ediciones Rosaristas.

 

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