Domingo 30 Enero, 2011  
 
 

 

Salud Mental en Colombia

 

Dr. Miguel Angel sabogal García
Medico Psiquiatra UMNG
Jefe Dpto. Psiquiatría HONAC
Coordinador Unidad salud mental y Familiar UHHDLV
Presidente Asociación Colombiana para la Salud Mental.

Hablar de la salud mental en el nuevo milenio, nos lleva necesariamente a examinar la situación de la salud mental hoy; nos obliga a referirnos a los múltiples factores, biológicos, sociales, ambientales, psicológicos, que la determinan; nos obliga también a preguntarnos por nuestra sociedad, por su trabazón social, por su conciencia cívica, por las formas de asumir las relaciones sociales que tienen nuestros gobiernos y los políticos que elegimos.

En la salud mental debemos entender el cuidado social; y a su vez preguntarnos sobre los modelos de atención, sobre la eficacia de nuestro trabajo y de nuestros programas y técnicas, sobre la respuesta que los profesionales de las diferentes disciplinas de la salud mental estamos dando al malestar psicológico de las poblaciones, sobre su eficacia y equidad y universalidad.

Estamos hablando de 400 millones de personas en el mundo aquejados de trastornos de ansiedad, de los 300 millones que sufren trastornos depresivos, de 45 millones que padecen esquizofrenia; de los cientos de millones de personas atrapados en el alcoholismo -se calcula que las enfermedades relacionadas con el alcohol afectan del 5 % al 10% de la población mundial- o por las otras adicciones, que implican una fuente principal de morbilidad y uno de los mayores negocios criminales del mundo; o estamos hablando de la importancia mundial del suicidio (que representa el 1,5% del conjunto de la mortalidad mundial).

La calidad del medio social en que se desenvuelve la persona está íntimamente ligada al riesgo de que ésta llegue a padecer una enfermedad mental y a la probabilidad de que la enfermedad se vuelva crónica. La esquizofrenia no es una "enfermedad social" y, sin embargo, los factores sociales y culturales influyen poderosamente en su evolución y en las probabilidades de recuperación. Las pérdidas significativas, los traumas sufridos en la niñez y aquellos vividos por personas relativamente indefensas, juegan un papel predominante en el desencadenamiento de psicopatología.

Las condiciones de desigualdad económica y ausencia de prestaciones sociales, generan círculos de pobreza y desesperación relacionados con la enfermedad que hipoteca el futuro de las poblaciones afectadas.

Ni la farmacopsiquiatría ni el mercado como política de gobierno son una respuesta para el desarrollo de la salud mental. Hoy, cuando acabamos de celebrar el 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la salud se impone, como un derecho inexcusable para los gobiernos. Y la sociedad de mercado funciona sin referencias éticas: no le cabe el individuo en tanto sujeto moral. Hay que separar el beneficio empresarial y hasta individual de la excelencia sanitaria, pues como plantea Platón en la República: "Cada arte aporta un beneficio particular: el del médico, la salud, el del mercenario, el salario. Si el médico gana dinero al curar, no se beneficia con el arte médico sino con el arte del mercenario que añade al suyo"(Platón. Diálogos IV. La República. Gredos, 338c, p21).

El poder político y los poderes públicos han actuado siempre en esto del enfermar psíquico, de la atención a la salud mental, oscilando entre el cuidado como forma de legitimación social y el miedo (electoral, en las democracias) a la supuesta alarma social (internamientos, hospitalismo) o con la simple tacañería presupuestaria ante la atención a la cronicidad, sea la cronicidad psicótica, sean esos mínimos síntomas persistentes, patologías de la existencia, que abarrotan las consultas ambulatorias, o los programas de prevención o de atención de las poblaciones más frágiles.

En este milenio, la Organización Mundial de la Salud estima un aumento considerable de las enfermedades, tanto en los países de bajos ingresos como en el llamado primer mundo. No es de extrañar ante el incremento de las condiciones sociales adversas: incremento tanto en las bolsas de miseria del llamado primer mundo como en los países pobres. La globalización económica marca las fronteras. Delimita los territorios más que nunca. Se dice que algunos países ya no podrán alcanzar nunca la infraestructura necesaria para su desarrollo.

La salud mental pública debe reorientar los servicios y el marco conceptual que los orienta.

La salud mental pública se debe ocupar de la totalidad de la población en ámbitos geográficos definidos. En ellos integrar los servicios locales de salud, la articulación intersectorial y la participación comunitaria.

La salud mental pública no se ocupa de «problemas» o de «enfermedades» sino de personas y poblaciones cuya salud depende tanto del entorno físico y socioeconómico, como de la calidad de las relaciones sociales y del acceso oportuno y continuo a servicios de salud idóneos. El Psiquiatra visto desde la salud mental social es un rehabilitador que extiende su campo de acción clínico a los problemas sociales. Y él entonces viene a ser el eje de una nueva propuesta de cultura y salubridad mental comunitaria.

El psiquiatra comunitario al igual que el clínico, se ocupa del diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los pacientes psiquiátricos, pero, además, se ocupa del diagnostico de las situaciones sociales y culturales que generan patologías, disfunción y desequilibrio; a partir de esta base, desarrolla sus aptitudes comunitarias. Las diferencias consistirían en que el clínico se ocupa y es responsable de sus pacientes, existiendo un contrato de actuación terapéutica directa; por otro lado el psiquiatra comunitario, se hace cargo del bienestar de una población, con la que no mantiene necesariamente un contacto personal, pero conoce detalladamente sus parámetros normales de estabilidad social y sus diferentes desequilibrios. De hecho entonces el psiquiatra comunitario, podemos llamarlo; Psiquiatra del riesgo; siendo su campo de acción una sociedad en riesgo. La Psiquiatría del riesgo tiene que alimentarse de varias disciplinas de las ciencias humanas entre ellas la antropología, la sociología del riesgo, la etnográfica, la lingüística, la violentología, la axiología, la sociología política, la criminología y las ciencias forenses en general.

No sólo se ocupa de los enfermos mentales ya existentes, sino también de descubrir nuevos casos, participando a su vez junto con otros profesionales y no profesionales, en prestar ayuda a aquellos que se apartan de las normas de conducta social (delincuentes, adictos a drogas y alcohol, entre otros), para mejorar el nivel de adaptación y satisfacer las necesidades psicológicas de la población. Además de esto el Psiquiatra del riesgo es un sociólogo de la Psiquiatría.

La psiquiatría del riesgo se encargaría de diseñar las estrategias de prevención del homicidio, la discapacidad por lesión in-tencional, el abuso sexual, el maltrato infantil y conyugal, el desplazamiento por efecto de la violencia política, la inseguridad, el consumo de sustancias psicoactivas, el im-pacto social y emocional de los desastres naturales, el empobrecimiento de amplios sectores de la población. Ya que todo esto produce malestar emocional, social y frecuentemente, trastornos mentales severos.

La generalización de estas conductas ha puesto en crisis la legitimidad de las instituciones, la cohesión de las redes sociales de solidaridad y confiabilidad y la capacidad de recuperación de las comunidades frente a las secuelas de la violencia. Esto se traduce, en términos micro sociales, como sentimiento de inseguridad sobre la propia vida, sobre el futuro, sobre la identidad y, en los casos más graves, como trastornos mentales que afectan la capacidad de convivencia y de trabajo y que se asocian con intentos de suicidio, depresión, ansiedad, somatizaciones, alcoholismo y consumo de sustancias psicoactivas.

En lo que compete a Colombia al igual que en la mayoría de Sur América el marco referencial en esta área es incipiente. Nos compete levantar el estado del arte de esta área de conocimiento Psiquiátrico para diseñar una política definida a nivel territorial, unos términos de referencia que cobije el ámbito científico mas un diagnostico psicosocial de la problemática real de la población. A su vez lo anterior nos dará las bases para plantear propuestas estratégicas reales sobre problemas preexistentes. Estrategias estas que serán implementadas por las diferentes entidades locales territoriales.

Desde este punto de vista referencial nos corresponde tres tipos de trabajo, uno científico investigativo otro de tipo clínico social y otro de tipo político territorial.

 

 
 
 
 
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